Un reconocimiento a la familia que eligió el encuentro, que sembró vínculos, acompañó infancias y construyó hogar en lo simple

En esta mesa se celebra mucho más que un momento compartido

Publicado el 18/02/2026

Un reconocimiento a la familia que eligió el encuentro, que sembró vínculos, acompañó infancias y construyó hogar en lo simple

Qué belleza reunirse todos con alegría: once o más integrantes de la familia, al mediodía, alrededor de una humilde mesa de madera cargada de vida. Esperar con ansias cada bocado, mientras se ríe, se conversa, se escucha y se comparte. En esos momentos simples, la vida encontraba su verdadero sentido.

Faltaban comodidades, a veces comida, trabajo, ropa o calzado. Pero nunca faltó ingenio ni voluntad. Se buscaban otras formas de salir adelante: cazar, pescar, vender leña, cuidar la huerta. Se hacía todo lo que se podía y se sabía hacer. Hubo tiempos buenos y tiempos austeros, vividos con sencillez, con lo necesario, aprendiendo a valorar y cuidar cada recurso.

Los días comenzaban temprano, con el canto de los pájaros y las voces del barrio que anunciaban el pan, la leche, las verduras. La escuela marcaba el ritmo, y al volver, entre tareas y pequeños quehaceres, el día se abría al juego y a la libertad. La infancia se vivía intensamente: la playa y sus castillos de arena, la lluvia convertida en juego, las lagunas llenas de renacuajos, el agua tibia, la cañada, la aventura cotidiana.

Para ellos, la vida era simple, fácil, divertida. El tiempo no apuraba. Crecían bien.

Como toda familia, hubo diferencias, celos, discusiones y competencias entre hermanos. Pero también hubo unión, aprendizajes y una fortaleza compartida que los preparó para la vida adulta.

La familia es un ancla que sostiene, un refugio al que siempre se puede volver. Es el primer lugar donde se aprende a amar, a confiar, a caer y levantarse. Es una red invisible que acompaña en silencio y sostiene en los momentos difíciles.

Cuidar la unión honra a quienes ya no están, mantiene vivo su legado y crea un abrazo invisible que sigue protegiendo a los que permanecen. Porque la verdadera unión no depende de compartir un techo, sino de sostener el vínculo con amor, respeto, perdón y presencia, aun en la distancia.

Este homenaje celebra eso: la fuerza de una familia que, con poco, lo tuvo todo. Un amor que atraviesa el tiempo, una raíz firme que sigue dando abrigo, memoria y sentido.

Eúa Raíz

Artículos Destacados