El Abrazo del Día
La buena nostalgia
Hay días en que basta una canción, un aroma, una fotografía o una palabra para que el tiempo haga una de sus pequeñas travesuras.
Y de pronto volvemos.
A una mesa rodeada de voces.
A una tarde cualquiera que entonces parecía no tener importancia.
A las risas con amigos, a los juegos de la infancia, a una fiesta familiar, a aquel abrazo que todavía podemos sentir si cerramos los ojos.
Volvemos a quienes siguen compartiendo el camino con nosotros y también a quienes un día tuvieron que partir.
Y quizá el corazón se apriete un poquito. Es natural. Hay recuerdos que llevan de la mano una sonrisa y una lágrima.
Pero la nostalgia también puede ser un lugar cálido.
Porque no todos los recuerdos regresan para entristecernos. Algunos vuelven simplemente para recordarnos que fuimos felices allí.
Que hubo abrazos sinceros.
Que nos reímos hasta que dolió la panza.
Que bailamos, soñamos, celebramos.
Que quisimos y nos quisieron.
Que hubo personas, lugares y pequeños instantes que hicieron nuestra vida más hermosa.
Tal vez esa sea la buena nostalgia: mirar hacia atrás sin querer quedarnos allí, pero agradeciendo profundamente haber pasado por ese lugar de nuestra historia.
Esta noche, si alguna vieja canción abre inesperadamente una puerta del recuerdo, entrá despacito.
Quizá del otro lado todavía quede una risa esperándote.
Hoy deseo que la nostalgia te encuentre sonriendo. Que al abrir ese viejo cajón de los recuerdos, sean las risas, los abrazos y todo el amor vivido los que lleguen primero.
El Abrazo del Día