El Abrazo del Día
Hay personas que comienzan su jornada cuando la ciudad todavía bosteza.
Esperan un ómnibus con las manos en los bolsillos, una mochila al hombro o un termo entre los brazos. Algunas miran el reloj. Otras simplemente observan cómo la mañana despierta poco a poco.
Desde afuera parece un instante cualquiera.
Pero cada persona que está allí lleva consigo algo que no se ve: una preocupación, un proyecto, una pérdida, una ilusión, el deseo de que este día sea un poco mejor que el anterior.
Aun así, cuando el ómnibus llega y las puertas se abren, vuelven a dar ese pequeño paso que sostiene tantas historias. Suben, buscan un asiento o viajan de pie, mientras el mundo continúa su recorrido.
Quizá la vida también se parezca a eso.
No siempre sabemos qué encontraremos al llegar a destino, pero hay una valentía silenciosa en seguir presentándose cada mañana, en volver a intentarlo, en confiar en que el camino todavía puede regalar un encuentro, una buena noticia o un motivo para sonreír.
Si hoy te toca esperar, que esa espera no te haga olvidar todo lo que ya has recorrido.
A veces, el viaje más importante comienza mucho antes de que el ómnibus se ponga en marcha.