Turismo sin plástico: pequeñas soluciones que pueden transformar la forma de viajar
Hoteles, cafeterías y destinos turísticos de Asia Sudoriental impulsan alternativas para reducir los plásticos de un solo uso y proteger los lugares que reciben a millones de visitantes.
Viajar también deja una huella, aunque muchas veces pase inadvertida. Una botella de agua comprada durante un paseo, el vaso de un café para llevar, una bolsa entregada en un comercio o el envase de una comida rápida parecen objetos insignificantes cuando se observan por separado. Sin embargo, en destinos que reciben millones de turistas cada año, esos pequeños residuos se multiplican rápidamente.
El crecimiento del turismo plantea así un desafío importante: ¿cómo mantener la comodidad de quienes viajan sin aumentar innecesariamente el consumo de plásticos de un solo uso?
En distintos puntos de Asia Sudoriental están surgiendo experiencias que buscan responder a esta pregunta. Camboya, la República Democrática Popular Lao y Tailandia ofrecen ejemplos diferentes, pero unidos por una misma idea: reducir los residuos desde su origen en lugar de limitarse a recogerlos cuando ya fueron generados.
Camboya: reemplazar las botellas descartables en los hoteles
Siem Reap, en Camboya, es conocida internacionalmente por albergar Angkor, uno de los complejos arqueológicos más importantes de Asia Sudoriental y declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
La intensa actividad turística ha impulsado hoteles, restaurantes, cafeterías y servicios de transporte, pero también ha incrementado la cantidad de residuos. Siem Reap genera aproximadamente 600 toneladas de basura por día y más del 20 % corresponde a plásticos.
El problema adquiere otra dimensión al considerar el movimiento turístico del país. Camboya recibió cerca de 5,6 millones de visitantes internacionales durante 2025, mientras que se estima que los turistas consumen alrededor de 10 millones de botellas plásticas al mes. Al mismo tiempo, menos del 2 % de los plásticos son reciclados.
Frente a esta realidad, el empresario hotelero Lay Kimsour, propietario de hoteles boutique y presidente de la Asociación de Hoteles de Camboya en Siem Reap, decidió comenzar por uno de los elementos más habituales dentro de una habitación: la botella de agua.
Realizó una inversión de unos USD 7.000 en un sistema central de filtrado para abastecer sus cuatro establecimientos. De esta manera, las botellas descartables fueron reemplazadas por recipientes de vidrio reutilizables que pueden rellenarse.
La modificación permitió disminuir los residuos y también los costos de funcionamiento. Con el paso del tiempo, los ahorros generados permitieron recuperar la inversión realizada en el sistema.
La experiencia continuó con otras medidas. Los cubiertos descartables, las pajitas y determinados artículos de aseo fueron sustituidos por productos reutilizables o alternativas sin plástico.
Actualmente, sus establecimientos son considerados libres de plástico en sus principales operaciones y recibieron el Premio Verde del Ministerio de Medio Ambiente de Camboya.
La experiencia también deja al descubierto otro aspecto del problema: no todas las pequeñas empresas cuentan con acceso sencillo a alternativas económicas, financiación o sistemas adecuados de tratamiento y reciclaje de residuos.
Laos: tomar un café sin desechar el vaso
En la República Democrática Popular Lao, el problema aparece en otro objeto cotidiano: el vaso descartable.
En las zonas urbanas del país se generan aproximadamente 47 kilos de residuos plásticos por habitante al año. Las proyecciones indican que la cantidad total podría pasar de unas 254.000 toneladas actuales a alrededor de 350.000 toneladas para 2035.
Además, un estudio del Banco Mundial determinó que el 95 % de la contaminación plástica del país procede de diez tipos de artículos de un solo uso, entre ellos vasos y tapas.
El crecimiento del turismo agrega presión. Laos recibió más de 4,5 millones de visitantes internacionales en 2025, quienes habrían generado unas 4.828 toneladas de residuos plásticos durante ese año.
Ante este escenario, Valy Phommachak desarrolló una propuesta que no pretende eliminar la costumbre de comprar café o bebidas para llevar, sino modificar el recipiente utilizado.
A través de su empresa social creó “Rent Your Cup”, un sistema mediante el cual los consumidores pueden utilizar vasos de acero inoxidable en cafeterías, restaurantes y hoteles adheridos.
El funcionamiento busca ser sencillo: el usuario toma prestado el recipiente y luego puede devolverlo en cualquiera de los puntos habilitados. Posteriormente, los vasos son lavados y desinfectados mediante un procedimiento industrial antes de volver a circular.
La iniciativa ya funciona en 14 cafeterías de Vientiane, Vang Vieng y Luang Prabang, y el objetivo previsto es alcanzar 20 establecimientos asociados antes de finalizar 2026.
El proyecto también trabaja sobre un aspecto fundamental: los hábitos. Para facilitar la adopción del sistema se ha recurrido a líderes comunitarios, personas influyentes e investigadores especializados en comportamiento, buscando que devolver y reutilizar un recipiente resulte tan práctico como utilizar uno descartable.
La intención es extender en el futuro el modelo hacia operadores turísticos y actividades vinculadas al ecoturismo.
Tailandia: proteger una isla que vive del turismo
La tercera experiencia se encuentra en Koh Tao, conocida como la “Isla de las Tortugas”, en el sur de Tailandia.
El lugar cuenta con menos de 3.000 residentes permanentes, pero se prevé que durante 2026 reciba más de 800.000 visitantes. Para una pequeña isla cuya economía está estrechamente vinculada al buceo, las playas y la calidad de sus aguas, gestionar semejante movimiento representa un desafío considerable.
Tailandia genera alrededor de 22.300 toneladas de residuos plásticos por día y aproximadamente el 28 % de los residuos sólidos urbanos recibe una gestión inadecuada. En Koh Tao, esa proporción alcanza el 61 %.
Además, se calcula que cada noche que un visitante permanece en la isla genera aproximadamente un kilo de residuos.
Una de las personas que trabaja para cambiar esta situación es Rumluek Assavachin, empresaria vinculada desde hace años al buceo y presidenta de la Asociación de Turismo de Koh Tao.
Su planteo parte de una realidad sencilla: si buena parte de la economía local depende de las playas, los arrecifes, el mar y la biodiversidad, proteger esos recursos también significa proteger el futuro económico de la isla.
Una tasa turística destinada al ambiente
Entre las medidas implementadas, cada visitante que llega al muelle debe pagar una tasa de 20 baht, equivalente aproximadamente a USD 0,60. Los fondos son destinados por las autoridades locales a la gestión de residuos, tareas de conservación y otros servicios públicos.
Los turistas también pueden adquirir la denominada “Koh Tao Eco Bottle”, una botella reutilizable que permite acceder gratuitamente a recargas de agua en más de 15 establecimientos.
En marzo de 2026 comenzó además a funcionar la red de Promotores Verdes de Koh Tao, integrada por empresas comprometidas con la disminución de residuos y la protección del océano, especialmente mediante la reducción de plásticos de un solo uso.
Las acciones alcanzan también a los establecimientos turísticos. Los restos de alimentos pueden transformarse en compost o alimento para animales, mientras que vidrio, plástico, papel y cartón son separados para su posterior reciclaje.
Las pajitas reutilizables y las estaciones gratuitas de recarga de agua complementan estas medidas.
Bucear también puede ayudar a limpiar el océano
Koh Tao incorporó además una iniciativa particularmente relacionada con su identidad turística: inmersiones destinadas a retirar residuos del ambiente marino.
Durante estas actividades, los desechos encontrados bajo el agua son recogidos y registrados. La información obtenida es comunicada a la fundación PADI AWARE, contribuyendo al conocimiento sobre los residuos que alcanzan los océanos.
El trabajo ambiental también incluye educación. En el Centro de Aprendizaje sobre Conservación de Ban, residentes, visitantes y estudiantes pueden conocer diferentes prácticas sostenibles y comprender la relación existente entre la conservación del entorno y el futuro de la isla.
Un turismo que también forme parte de la solución
Las experiencias de Camboya, Laos y Tailandia son diferentes y ninguna puede resolver por sí sola el enorme problema mundial de la contaminación por plásticos.
Sin embargo, muestran algo importante: muchos residuos pueden evitarse antes de llegar al cesto, a un vertedero, a una playa o al océano.
Una botella de vidrio que vuelve a llenarse puede reemplazar decenas de botellas descartables. Un vaso de acero inoxidable puede circular entre numerosos consumidores. Una estación de recarga de agua puede evitar nuevas compras de envases y una empresa turística puede separar sus residuos desde el lugar donde se generan.
Son modificaciones relativamente pequeñas dentro de una actividad gigantesca como el turismo, pero permiten cambiar el enfoque: pasar de preguntarnos únicamente qué hacer con los residuos a pensar cómo evitar producirlos desde el comienzo.
El desafío cobra especial importancia en aquellos destinos cuyo principal atractivo depende precisamente de la naturaleza. Playas limpias, arrecifes saludables, aguas transparentes y paisajes bien conservados no solamente constituyen un patrimonio ambiental: son también parte del motivo por el cual millones de personas deciden viajar.
En ese contexto, turismo, innovación y cuidado ambiental pueden avanzar juntos. La experiencia que actualmente se desarrolla en Asia Sudoriental muestra que reducir el plástico no necesariamente significa renunciar a la comodidad del viajero. En muchos casos, puede significar simplemente diseñar una forma diferente de disfrutarla.